viernes, 26 de junio de 2015

Milagros

Fecha: 26-06-2015

“Obviamente, doctor, usted nunca ha sido una niña de 13 años”. Pensaba en la respuesta que da Cecilia —una de las vírgenes suicidas del libro de Jeffrey Eugenides— al médico que le pregunta qué hace ahí con las muñecas cortadas si aún no tiene edad de saber lo dura que es la vida. Pensaba en ello mientras las voces de las niñas de la clase de música de Ana Molina –“la profe” que les puso a oír desde la primaria a Satie, Morricone, Camaron o Kraftwerk–, se colaban por todos los rincones. Entre ellas la de una niña a la que en casa le han roto en mil pedazos su diario íntimo y ya no puede escribir, solo cantar. O las de Diana y Bianca, que apenas tres días antes del gran concierto siguen sin querer verse la cara: Diana plantó a Bianca por un chico y ahora ya no se hablan. Ninguna da el primer paso hacia la reconciliación, aunque Ana no deje de animarlas. La profe sabe lo que es luchar para cambiar las cosas desde dentro. Cuando le preguntaron cómo hacer para tener más milagros en las escuelas estatales, ella contestó: “Necesitamos sentirnos cómodos en ellas. Sólo hay que ver cómo es un colegio por fuera para no querer entrar. Abunda el feísmo a gran escala, luz halógena, intenso color verde caca. No interesa que nos sintamos a gusto en las escuelas ni que las consideremos nuestras pero, atención: lo son”. Por eso la banda formada en el colegio Pio XXII de Madrid se llama así, “Milagros”. 13 chicas de 13 años. Cuerpos de mujer que juegan a las palmas. Estudiantes de la escuela pública española nacidas en Madrid, Rumanía, Ecuador, Paraguay o Marruecos. Ana es la que pinta colores dentro de los muros tristes, la que los derriba. Por eso, aprender música en esta clase es tan importante para las niñas como lo que les pasa fuera. Las páginas del diario quizá no vuelvan a pegarse, pero este domingo van a cantar. Antes de irme veo a Diana y Bianca fundirse en un abrazo al fondo del pasillo. Y de tanto mirarlas, pienso por un minuto que las entiendo. 

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