Autor: Geraldine García
Fuente: Diario La República
Fecha: 21-06-2015
Hoy papá es importante. Sin embargo, años atrás no era un día tan bonito. Te peleaste, se fue, tú te fuiste, quizás solo lo veías en fotos, ya no era lo mismo. Y es que la vida se encargó de alejarlos a ambos. Padre e hijo, separados.
Mientras esta fecha, para algunos era un momento de alegría, a ti te hacía sentir fuera de contexto.
No podías sentirte como cualquier hijo. Tu desconsuelo te ganaba y tratabas de refugiarte en cualquier lugar donde la palabra familia fuera sinónimo de unión. O preferías dormir.
El que cuento es el caso de Mario. Su historia ha cambiado. Ahora vive con su familia y al fin puede decir “Papá, te quiero”, tras derrotar a su propia soberbia. Hoy, él más que nunca sabe que los regalos son lo de menos. Cualquier cosa que compre no es suficiente. El solo contemplar a su padre cuando ve televisión, compartir con él una cena o conversar hasta altas horas de la noche, es lo mejor para él, y también el mayor consuelo y acto de amor que pudiera recibir su padre.
Y es que al fin son una familia. Él ya está recuperado y su papá también. La relación va ‘viento en popa’. Él respeta sus opiniones, mientras que Mario, día a día, tiene la oportunidad de decir: Te amo. Ahora, todo es distinto. Y como la relación está mucho más sólida, Mario quiere darle un presente, pero no como lo hacía años atrás. Esta vez tiene claro que su regalo no lo representa ni demuestra cuánto quiere a papá. Es solo un detalle.
Para él, almorzar con su padre y contemplar su vejez, lo es todo. Pero al igual que todos los que se hacen llamar hijos, busca engreír de alguna manera a su papá. No será el regalo con etiqueta de tres o cuatro ceros, no será lo último en tecnología, ni mucho menos la fragancia de diseñador que alguna vez le compró. Esta vez buscará ese detalle que lo haga feliz: ser siempre un mejor hijo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario