domingo, 21 de junio de 2015

Fuego griego

Autor: Raúl Tola
Fecha: 20-06-2015

“La jefa de los criminales saluda al otro bando». El rostro normalmente relajado y seguro del ministro griego Yanis Varoufakis se torció en un gesto de incomodidad al escuchar a la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) Christine Lagarde, mientras se estrechaban las manos este viernes, en los comienzos de una negociación con el Eurogrupo que resultaba crítica para el destino de la economía de Grecia, y que parece haberlo puesto al límite del abismo. Por si no había sido lo suficientemente clara, Lagarde ofreció unas declaraciones incluso más duras luego de la reunión, cuando ya se sabía que era un fracaso: la clave es «volver al diálogo con adultos en la sala».

Mientras el enésimo intento por llegar a un acuerdo con la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI naufraga, la realidad griega resulta cada vez más desesperanzadora. Su banca ha perdido una cuarta parte de sus recursos desde noviembre, una fuga de capitales que se ha acentuado a niveles de vértigo en esta última semana, cuando €3,000 millones se marcharon hacia mercados más seguros, €1,000 millones solo el jueves. A pesar de ser el país que más reformas ha emprendido desde el estallido de la crisis financiera de 2010, su contraparte le exige nuevos recortes para este 2015: hasta por €3,000 millones, que le permitan un superávit de 1% del PBI.

El gobierno del Primer Ministro Alexis Tsipras, que ganó las elecciones con la promesa de frenar la austeridad, se niega a hacer esas concesiones, que supondrían rebajar aún más las alicaídas pensiones de sus jubilados, y ha propuesto la reestructuración de su deuda, con un tipo de interés más bajo y un plazo más largo. Cuenta con el apoyo de un buen número de economistas, quienes afirman que estas metas de superávit son imposibles de alcanzar, y que solo la reestructuración abriría las puertas a una solución sensata.

Curiosamente, desde el estallido de la crisis financiera de 2010 (cuando se reveló que los griegos habían falseado descaradamente las cifras de sus cuentas públicas), no había tanta unanimidad sobre las concesiones que ambas partes tienen que hacer. ¿Entonces por qué es tan difícil alcanzar el acuerdo? Porque para Europa Grecia cada vez es un problema más político, y menos técnico. ¿Cómo reaccionarían países como España, Irlanda o Portugal, que se ajustaron los pantalones, y ahora muestran las primeras señales de recuperación? ¿Por qué ese pequeño y rebelde país bañado por los mares Jónico y Egeo merecería un trato preferencial?

Todo parece indicar que esta clase de consideraciones son las que han llevado a Tsipras a tensar hasta este límite la cuerda de la negociación —con gestos como una reunión con Vladimir Putin este mismo viernes en San Petersburgo, para estrechar lazos en materia energética—. Al Primer Ministro griego el momento de la verdad le llegará el lunes, en la reunión cumbre de mandatarios de la Unión Europea (UE), donde podrá tener un diálogo menos técnico, y bastante más político que en los últimos tiempos. Si esta vez fracasa, Grecia entraría en una espiral de consecuencias traumáticas. El martes podría tomar medidas de emergencia, como declarar unas vacaciones bancarias o imponer un corralito para frenar la sangría de capitales. Entre ese día y el 20 de julio terminaría la prórroga para negociar un nuevo rescate, y vencerían adeudos por €1,600 millones al FMI y €3,500 al Banco Central Europeo. Todo podría concluir con una declaratoria de quiebra.

Otro camino que se discute es el de la «Grexit»: la salida de los helenos del Euro y hasta de la Unión. Quienes apuestan por ella dicen que Grecia solo representa el 2% de la economía de la eurozona —todo su PBI es comparable con el valor de una sola empresa española, Inditex de Amancio Ortega, dueña de la marca Zara—, y que los costos de su marcha podrían ser asumidos con facilidad. Pero una mayoría de especialistas se inclinan por su permanencia, y no solo por consideraciones economicistas. ¿Acaso es este el camino que tomará la UE cada vez que uno de sus miembros enfrente una crisis? ¿Cómo podría seguir adelante este proceso de integración, sin el país que con su tecnología, su arte, su filosofía y su política terminó por inventar aquello que ahora conocemos como sociedad occidental? Estas son las preguntas fundamentales que ahora más que nunca deberán hacerse Ángela Merkel y los demás líderes europeos. Ojalá los fantasmas de Platón, Sócrates, Aristóteles, Pitágoras o Pericles los iluminen.

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