lunes, 15 de junio de 2015

Escribir sobre su vida

Autor: Alonso Cueto
Fecha: 14-06-2015

Saul Bellow cumplió cien años esta semana, y su obra se sigue leyendo en todo el mundo. La emoción que sentimos sus lectores en sus libros es la misma que la que podemos tener cuando alguien nos cuenta su historia con total sinceridad. A Bellow nunca le interesó la moral social ni la belleza ni las buenas intenciones. Nunca pensó que debía “representar” el sufrimiento de una porción de la humanidad.

Hizo lo más natural. Escribió sobre su vida con un lenguaje propio. Sus personajes no tienen un credo o una ideología. Quieren seguir adelante en sus vidas. Quizá por eso en su discurso de aceptación del Premio Nobel en 1976, afirmó que el gran tema contemporáneo es la supervivencia del ser humano. Y sin embargo también fue una figura polémica. Nunca creyó en los dogmas culturales. En alguna ocasión escandalizó a muchos con su pregunta: “¿Dónde están el Tolstoi de los zulus y el Proust de los papuanos?”.

Hijo de judíos rusos que emigraron de San Petersburgo a Canadá (donde nació Saúl, en realidad Solomon, el diez de junio de 1915), y luego a Chicago, Bellow siempre se consideró un expatriado (no adquirió la ciudadanía americana hasta 1943). Su padre Abraham era un contrabandista de poca monta, y en los años veinte Chicago era el territorio de Al Capone. Abraham nunca aprendió el inglés pero logró hacer algún dinero para financiar la educación de su hijo.

Estudiante de Antropología en Northwestern University, Bellow recuerda haber empezado a escribir a los quince años. No se detuvo hasta los 90. Trabajador incansable, una de sus frases de esa época es: “He estado muy ocupado desde mi circuncisión”.  La antropología tiene una influencia en sus novelas pues en ellas aparece reflejado con minuciosidad el contexto cultural en el que sus personajes actúan. En París escribe su primer gran libro, Las Aventuras de Augie March (1953).  Augie March es un don Quijote moderno que anda por las calles, en una versión de la picaresca moderna. Tiene un lenguaje propio en el que se mezclan la jerga americana  y el yiddish de los padres de Bellow.

El mismo año de la salida del libro, trabajando como profesor en Bard College, Bellow conoce a la que sería su esposa, la bella Sasha Tschacbsdov,  dieciséis años más joven que él. Allí también se hace muy amigo de Jack Ludwig, un profesor gigantesco y extrovertido. Ludwig no hace sino halagarlo y ensalzarlo y Bellow acepta complacido sus elogios.  Un tiempo después, Bellow se entera de que Sasha se había estado acostando con su amigo Ludwig desde hacía más de dos años.

Esta historia es la base de su novela Herzog. En vez de enloquecer de los nervios por la traición de su esposa y su amigo, Bellow escribió una novela sobre su experiencia. El libro apareció en 1964 y ganó el National Book Award. Entre los artículos que lo elogiaron por sus méritos literarios estuvo el de su buen amigo Ludwig, que no se reconoció en el personaje basado en él, Valentine Gersbach. Muchos lo analizaron como una reflexión sobre la pareja moderna. Pero Bellow estaba escribiendo desde la rabia.

Esas emociones perduran en otros grandes libros suyos como Humboldt´s Gift y Henderson, el rey de la lluvia. Con ellos, la vida de Bellow está asegurada. 

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