Fuente: Diario UNO
Fecha: 25-06-2015
Si “El Comercio” no lo hubiese querido, la velocidad y resonancia del caso Álvarez y la coyuntura del segundo semestre de 2014, hubieran sido otras. Si se recuerda bien, fue “La República” la que hizo una campaña sobre el asesinato de Nolasco y dio por segura la culpabilidad del presidente regional. Eso duró semanas y no pasó nada, salvo declaraciones de un lado para el otro.
¿En qué estaba la gran concentración? En, dale que dale, que Ramos no podía ser fiscal de la Nación por ser primo de Nadine Heredia y por haberlo negado cuando se lo preguntaron por primera vez, y que la cabeza del Ministerio Público debería ejercerla el fiscal Pablo Sánchez, que solo tenía un voto (el suyo), en la Junta de Fiscales.
La campaña de la gran familia de la prensa no prendió hasta que alguien hizo la conexión entre el fiscal Peláez (que no habría querido investigar al presidente ancashino) y Álvarez, y entre Peláez y Ramos (que habría contribuido a la impunidad en Ancash desde la oficina de control).
Ahí “El Comercio”, reajustó su ofensiva y dijo que lo de Álvarez era el peor caso de corrupción de la historia peruana y los fiscales supremos habían sido sus encubridores. De ahí siguió una campaña hasta la caída hace poco de Ramos (suspendido en el cargo) y la nominación a dedo de Sánchez, el favorito de calle La Rifa, que obviamente se ha puesto en línea con los Miró Quesada, a los que debe el puesto.
El poder mediático, por tanto, existe, pero a veces falla o se entraba porque sus operadores se creen todopoderosos y no lo son, en forma suficiente. Entre la mitad de 2014 y fin de año, la prensa concentrada tuvo todo el control de los casos Álvarez, Orellana y Martín Belaunde, y dictó la agenda de la “anticorrupción” en el país. Hasta que se cayó el tema de la “colaboración eficaz” y los exprocuraores Salas y Vilcatoma, se quedaron en el aire.
Entonces, la gran familia decidió que si la realidad no los ayudaba a mantener la presión sobre el gobierno, pues ellos podían crear su propia realidad. Es la sensación que deja paso a paso la denuncia de Correo Semanal, sacado del anonimato, para meter la gran “primicia”, el gobierno se auto chuponea y persigue y de paso anda investigando a inocuos personajes de oposición, con los que conversan y hacen transas todos los días.
La trama es enredada porque pasa desde Jorge del Castillo, actual lobista de transnacionales mineras y petroleras, Marisol Espinoza que se mantiene distante de la pareja presidencial, y otros, hasta llegar a Alan García que tiene un informe de haber sido seguido en Lima, en días en que se encontraba en Madrid.
En fin, cualquier cosa pero en el país ya se instaló otro “peligro” y otra manera de victimizar a una oposición que se mueve como una veleta. Si Humala se asusta con ella, será que está temiendo hasta su sombra. O que “El Comercio” quiere que sintamos eso.
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