sábado, 25 de julio de 2015

¿Un nuevo tipo de amenaza?

Autor: Mirko Lauer
Fecha: 24-07-2015

El explosivo detonado en una función circense a pocos días de las Fiestas Patrias parece una acción de terrorismo puro. Quien lo hizo no pudo calcular que solo habría heridos, pero aun estos más la popularidad de la Paisana Jacinta, el leit motiv del circo, le garantizan al crimen suficiente publicidad, si eso es lo que se buscaba. Lo único que no calza hasta ahora es el anonimato del atentado.

La actual lista de explicaciones gira en torno de dos hipótesis, ambas asuntos de dinero: extorsionadores impacientes y competidores comerciales con reflejos delincuenciales. La empresa afectada rechaza lo primero y sostiene no haber recibido amenazas. Ella parece más inclinada a la explicación comercial, pero tampoco se compromete con esta versión de las cosas. La policía parece haber asumido la primera hipótesis.

La perspectiva del extorsionista tendría que atribuirle una fuerte dosis de imbecilidad, puesto que el estallido de una granada en plena función eleva todo el asunto a un plano que vuelve incobrable la extorsión. Además la actuación de la policía quizás neutralice la posibilidad de que esa granada asuste con fines de extorsión a otros dueños de circos en esta temporada. La cosa les habría estallado en la cara, digamos.

Sin embargo la insólita multiplicación de incendios inexplicables en los últimos tiempos (uno de ellos en el mercado Las Flores, Breña, el pasado domingo cinco) hace pensar en una plaga de extorsionadores enloquecidos, además de los habituales. No hay pruebas de esto en el caso del circo Paisana Jacinta. La policía ya ha proporcionado el nombre de una posible banda culpable, pero no sabemos qué significa esto. No hay luces sobre por qué estarían los extorsionadores volviéndose más violentos frente a sus potenciales víctimas.

También hay una explicación que apunta a miembros del personal de seguridad del propio circo aconchabados, dicen sus acusadores, con la vendetta de un municipio rival. Pero el salto desde el modesto show de la polémica Paisana Jacinta (ícono racista y muy popular al mismo tiempo) hasta la política de los grandes municipios se presenta inverosímilmente largo.

El dueño del circo ha expresado indecisión respecto de si seguir con las funciones o simplemente cerrar el negocio. Si esta segunda posibilidad tiene algún asidero, entonces también la tendría que considerar la media docena de circos instalados en la zona. Salvo que el dueño tenga algún tipo de información que no está revelando a la prensa.

En cualquiera de los casos, una granada estallando en un espacio público es una siniestra escalada en cuanto a modalidad de crimen. Como lo fueron en su momento los asesinatos en torno de la política local y la contratación de sicarios para ejecutarlos. La difundida impunidad le da a todo avance criminal un poderoso efecto de demostración.

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