Autor: Augusto Álvarez
Fuente: Diario La República
Fecha: 01-07-2015
Con solo 10% de aprobación, el presidente Ollanta Humala empezará el último año de su mandato con debilidad y la interrogante de qué puede hacer con ese escaso capital político en el tramo final.
Según la encuesta de GfK publicada el domingo aquí en La República, Humala llegó al punto más bajo de aprobación en lo que va de su presidencia, cayendo de 16 a 10% entre mayo y junio, como consecuencia de deficiencias en su desempeño que la opinión pública estaría percibiendo en el manejo de los asuntos mineros –concretamente por el proyecto Tía María– y en la lucha contra la corrupción, específicamente por todas las denuncias que se vienen realizando contra su esposa Nadine Heredia.
Un hecho particularmente interesante de la encuesta de GfK es la constatación de que la aprobación al presidente Humala fuera de la ciudad de Lima cayó entre mayo y junio de 17 a 8%, mientras que la desaprobación a nivel nacional trepó de 77 a 85%.
La aprobación presidencial es un registro dinámico que puede ir hacia arriba o hacia abajo. En el caso de Humala, sin embargo, es probable que el 10% actual ya esté casi raspando la olla y no vaya a caer mucho más (aunque uno nunca sabe), pero de lo que no hay duda es de que el escaso respaldo a su desempeño constituye una expresión de un gobierno que entra a su último año marcado por la debilidad.
¿Qué puede hacer Humala con eso? Para ello es crucial que defina, primero, qué objetivo quiere priorizar durante el último año de su mandato entre dos opciones básicas.
Una opción sería terminar su gobierno de la mejor manera que se pueda; y la otra sería construir la mejor alternativa electoral que le sea posible, dentro de las circunstancias, para lanzar una candidatura presidencial que sea locomotora de una bancada parlamentaria interesante para el lustro siguiente.
Este segundo objetivo lo diferenciaría de las dos presidencias anteriores, pues tanto Alejandro Toledo como Alan García no parecieron estar especialmente interesados en la elección siguiente a su gobierno y casi mandaron listas al muere. Humala, en cambio, sí tiene un gran interés en los comicios del 2016.
En teoría, se podría pensar que ambos objetivos no son excluyentes, es decir, que si su gobierno termina del mejor modo posible, mejoraría su posibilidad electoral en el 2016.
Pero esto no es necesariamente cierto porque darle prioridad al objetivo electoral, pondrá al gobierno de Humala –como lo está ahora– en la mira de la oposición, y eso reducirá su margen de acción para potenciar su desempeño. En los próximos días esta columna ampliará cada uno de estos escenarios.
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