Autor: Augusto Álvarez Rodrich
Fuente: Diario La República
Fecha: 07-07-2015
El papel del Estado en la gastronomía peruana.
Lo mejor que el gobierno ha podido hacer en el desaguisado de la (no) participación del Perú en la Expo Milán 2015 es, al menos reconocer, finalmente, que esta ausencia fue un error, tal como lo indicó anteayer el premier Pedro Cateriano.
La Expo Milán 2015 se desarrolla durante medio año ocupándose esta vez del tema ‘Alimentando al planeta, energía para la vida’, y será visitada por más de veinte millones de personas que tomarán contacto con la presentación que harán 108 países, cada uno con su pabellón, ninguno de los cuales será el Perú.
Como informó anteayer La República, se requería construir un pabellón de 440 metros cuadrados a un costo de US$ 4 millones que, junto con el gasto de equipamiento, mantenimiento y dotación de los recursos humanos para su administración, generaba una inversión total de unos US$ 13 millones.
Todo gobierno tiene, como cualquier empresa privada, la obligación de cuidar con rigor el uso de los recursos en el contexto permanente de objetivos ilimitados a ser satisfechos con recursos escasos, pero US$ 13 millones parece una inversión razonable para todo lo que el Perú se está jugando a través de su presencia creciente en el mercado mundial de la gastronomía.
Lamentablemente, el gobierno no lo entendió del mismo modo, y en medio de un peloteo entre los ministerios de Comercio Exterior y Turismo; Relaciones Exteriores; Ambiente; Agricultura; y Economía y Finanzas, se descartó este pabellón peruano en la Expo Milán 2015.
El primer llamado de atención sobre esta ausencia lamentable la dio Gastón Acurio, pero las respuestas gubernamentales trataron de marear la perdiz sobre lo evidente de este tremendo desaguisado, hasta que el domingo el premier Cateriano reconoció, como corresponde, que esta ausencia “es un error que hay que evitar en el futuro”.
Es evidente que en un caso como este no se están defendiendo los intereses de cocineros peruanos, lo cual es un asunto de responsabilidad privada, sino que se dirige a un objetivo absolutamente público como la construcción de la marca Perú en el campo de la gastronomía, un hecho estrechamente vinculado a la cultura, la historia y el turismo, entre muchos otros campos, incluyendo, por supuesto, la potenciación de la economía nacional debido a las obvias consecuencias que genera la consolidación del posicionamiento mundial de la gastronomía peruana.
Todo lo cual tiene que ver directamente con la distribución de roles entre el Estado y la actividad privada para el desarrollo mundial de la gastronomía peruana. En el caso de la ausencia en la Expo Milán 2015, al menos, es obvio que al gobierno se le quemó la comida.
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