Autor: Mirko Lauer
Fuente: Diario La República
Fecha: 01-07-2015
Desde hace largos meses cada mañana hemos venido despertando con la noticia de que Grecia ya ha dado el paso final hacia el abismo, y que la Unión Europea se lo ha permitido. Lo que han producido los salvatajes de último momento es la idea de que un colapso griego afectará irreparablemente a la UE como unidad económica y política. Una situación que no pudo haber llegado en peor momento.
Mientras se escriben estas líneas la suspensión de pagos anunciada por los griegos ha llegado a su fecha límite, y los efectos en las bolsas de valores mundiales han empezado a dejarse sentir. Aun si aparece una solución, cabe preguntarse cuántas de estas salvadas de último minuto (de hecho una muerte lenta) puede aguantar la situación. En lo financiero y en lo político interno griego.
La más reciente solución de último minuto podría aparecer a partir de una propuesta presentada ayer martes por la mañana en Atenas para obtener dos años de ayuda con una reestructuración paralela de la deuda, y tácito acatamiento de una mayor austeridad. En Alemania, el país clave para decidir este tipo de cuestiones, hay fuerte división entre Ángela Merkel, a favor, y las autoridades financieras, en contra.
El temor concreto es que una suspensión de pagos griega afecte a todo el sistema financiero europeo, con la mayor presión sobre aquellos países de la región que todavía no terminan de recuperarse de la crisis mundial del 2008 y sus secuelas. Un tsunami financiero que podría llegar a virtualmente todas las costas del mundo.
La situación ha llegado a tal punto que incluso varios países de la UE que han estado salvando a Grecia del abismo ahora están debilitados ellos mismos. Un retiro griego de la zona del euro impactaría sobre la moneda común, obligaría a rebarajar las cartas económicas de Europa, y abriría las puertas a un desfleque de la zona político-económica entera. Todo esto con las presiones rusas a las puertas.
Para hacer hincapié en la gravedad del asunto, varios analistas han señalado que Grecia es la primera economía desarrollada que deja de cumplir un pago pactado con el FMI. El gobierno de Atenas no se ha dejado impresionar por esto, y más bien se ha refugiado en los argumentos sociales que han sido moneda corriente en los países acogotados del tercer mundo.
Mientras tanto sigue la angustiada exploración de cuál podría ser la próxima Grecia. La lista de candidatos es larga, y va desde lo posible, como Puerto Rico, hasta lo insólito, como China o los Estados Unidos, pasando por España o Italia. Indicio de que pocos piensan que el problema termina con una solución griega, y que la próxima vez puede ser peor.
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