Autor: Antonio Zapata
Fuente: Diario La República
Fecha: 01-07-2015
Pocas semanas atrás han sido rescatados los cuerpos de dos soldados bolivianos y de uno peruano, quienes murieron durante la batalla de Tacna, denominada el Alto de la Alianza. De acuerdo a información de El Comercio, el embajador boliviano ha visitado el Museo Nacional de Arqueología e Historia, donde se vienen limpiando y acondicionando sus cuerpos, con miras a ser devueltos al país altiplánico y seguramente para alguna ceremonia local con nuestro compatriota. Valga la oportunidad para una sumaria revisión de la cuestión boliviana, vista desde el Perú durante la guerra del Pacífico.
Frecuentemente se escucha decir que fuimos a la guerra para ayudar a Bolivia. Es más, que si no fuera por Bolivia no habríamos tenido razón alguna para luchar contra Chile. Pero, cabe una reflexión. Seis años antes de la guerra, el Perú firmó libremente un Tratado con Bolivia. ¿Cuál era nuestro interés? Una razón era estratégica, evitar una posible alianza político-militar de Chile y Bolivia en contra del Perú. Esa alianza pudo haberse consumado y nos hubiera arrasado.
A continuación, teníamos interés económico. El Perú era dueño de aproximadamente la mitad del salitre, una de las materias primas de exportación mejor cotizadas de esa época. La otra mitad estaba en Bolivia y la explotaba una compañía anglo-chilena. Antes de la guerra, como informa Basadre, el Perú había adquirido un extenso denuncio en la provincia entonces boliviana de Atacama. Es decir, estábamos listos para competir con Chile en la explotación de salitre en el litoral altiplánico. Nos convenía que Bolivia fuera nuestro aliado, para avanzar nuestras fichas empresariales en su territorio.
Así entonces, fuimos a la guerra por nuestras propias y legítimas razones y no por altruismo. Otro punto importante que se da por sentado es el abandono boliviano. Se dice que Bolivia se retiró de la guerra, precisamente después de la batalla del Alto de la Alianza, donde perecieron los tres soldados que han sido recientemente rescatados por un eficiente equipo de arqueólogas nacionales.
Pero se olvida de que Bolivia envió dinero y armas al Perú. Como ha demostrado el historiador Daniel Parodi, durante la resistencia nacional, Bolivia transfirió recursos económicos y pertrechos militares, incluyendo cañones comprados en Argentina. No colaboró con tropas y pudo haberlo hecho. Prefirió no exponerse a una represalia chilena. Pero no nos abandonó, sino que nos siguió apoyando en una medida que quizá se puede juzgar como insuficiente. Es distinto.
Otra entrada al tema señala que, después de Tacna, fue Chile el que eligió el teatro de la lucha. Luego de la batalla del Alto de la Alianza, Chile invadió el Perú y no Bolivia; fue el enemigo el que trasladó la guerra a nuestro territorio. Es decir, Bolivia no decidió que no hubiera combates en su territorio.
Con respecto a la problemática del abandono, leyendo al gran historiador boliviano Roberto Querejazu se encuentra un argumento que en el Perú muchos considerarán insólito. Según su parecer, cuando el Perú negoció en Ancón, dejó al aliado fuera de las tratativas. En ese momento, Bolivia estaba técnicamente en guerra con Chile. Es cierto que no había combates en su territorio, mientras que el Perú estaba destrozado. Aunque el Perú tenía poderosas razones para terminar con la guerra, lo hizo a solas. Fue a la lucha acompañado y salió por su cuenta. Por ello, Querejazu se pregunta, ¿quién dejó a quién?
Como puede verse, cada país posee su propia historia nacional y muchas veces causa sorpresa saber qué se piensa de uno, en los otros países que tienen que ver con los mismos hechos. En el Perú solemos creer que solo con Chile debemos hallar vías para un mejor entendimiento, pero resulta que tampoco nos hemos aclarado con Bolivia ni tenemos una historia mínimamente compartida. Con el aliado de ayer nos sobra desconfianza, reticencia y altanería que sería bueno dejar atrás, porque su origen es el racismo contra toda la población andina.
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