viernes, 3 de julio de 2015

Hemingway entre dos embajadas

Autor: Mirko Lauer
Fecha: 03-07-2015

Significativo que un aniversario de la muerte de Ernest Hemingway coincida con el anuncio de la inminente apertura de embajadas en La Habana y Washington. El novelista es el más notorio símbolo de la corta amistad de los EEUU con la revolución cubana. Los tiempos que vienen darán un segundo aire a su celebridad, y de pronto hasta lleguen a convertirlo otra vez en figura polémica.

Hemingway llegó a la isla en 1939, se estableció allí por dos decenios, y la dejó en 1960, un año antes de su suicidio. Allí escribió El viejo y el mar (1952), la novela corta que le ganó el Premio Nobel.  

El cinco de julio de 1960, Fidel Castro nacionalizó todos los negocios y propiedades comerciales de ciudadanos estadounidenses. Veinte días más tarde el novelista dejó Cuba, su casa en Vinca Vigía, formalmente también nacionalizada, y un misterio.

¿Tenía intenciones de volver? Unas versiones dicen que sí. Otras que fue obligado a dejar la isla por el gobierno de Washington. En cualquier caso, el gobierno cubano ha mantenido la casa de Hemingway abierta al público y al turismo como santuario para un amigo especial de la revolución, y tal vez como recordaris de otros tiempos geopolíticos.

Con las dos embajadas abiertas cubanos y estadounidenses van a tener que volver a aprender a vivir juntos. Desde 1898 esta ha sido una coexistencia marcada por el dominio de facto de los EEUU. Pero la prepotencia de un lado y la incomodidad del otro no impidieron el desarrollo de una familiaridad, propiciada entre otras cosas por la cercanía geográfica.

Es evidente que abrir embajadas no es lo mismo que abrir el país. Pero sí es la oportunidad de practicar un tipo y un nivel de intercambio suspendidos por medio siglo. Quizás convenga recordar que la apertura de oficinas de intereses de ambos países (ambas formalmente parte de la embajada suiza) funcionó más para gerenciar el statu quo que para cambiarlo.  

En este contexto la polivalencia y la imprecisión de la imagen de Hemingway van a merecer mayor atención. No cabe duda de que fue amigo del pueblo cubano y de la gesta revolucionaria de Castro. Pero su partida en 1960 es clave, por la posibilidad de que ella haya sido un apartamiento precipitado por la sovietización de la isla.

El oficialismo cubano nunca lo ha visto así. El mundo académico de los EEUU no le ha dado nunca mucha importancia a este aspecto, subjetivo y en consecuencia difícil de dilucidar. De modo que Hemingway va a ser más o menos lo que el desarrollo de las relaciones entre los dos países hagan de él y de la frondosa leyenda de sus años en Cuba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario