domingo, 9 de agosto de 2015

El virus tránsfuga ha mutado

Autor: Fernando Tuesta Soldevilla
Fecha: 09-08-2015

El presidente ha afirmado que el Congreso debe aprobar una ley que sancione el transfuguismo. Pero el problema es más complejo que normar de manera punitiva.
Para sancionar se requiere definir claramente qué es el transfuguismo. Si tránsfuga es aquel que se retira de un grupo o bancada parlamentaria, ¿qué pasa si solo sale y no se incorpora a ninguno otro?, ¿y si no se sale, sino que es expulsado de la bancada parlamentaria, se le sanciona como tránsfuga?, ¿qué ocurre en el caso de un grupo de parlamentarios, no uno individualmente, que se retira del partido porque ha cambiado su propuesta política inicial? ¿Y en los casos en que la bancada está conformada por más de un partido, si un parlamentario sale pero se mantiene en la bancada o si sale pero ingresa a otro partido de la misma bancada? ¿También se le penaliza? ¿Importa si un parlamentario sale de la bancada pero no está inscrito en el partido (por ejemplo, solo cinco parlamentarios de Fuerza Popular están inscritos en el partido)? ¿Y sería serio aceptar la propuesta de que el partido mantiene el escaño en caso de transfuguismo? En este periodo Gana Perú perdió ya 16 escaños?

Pero el fenómeno va mas allá del parlamento. Muchos militantes de partidos salen para ingresar a otros, con el propósito de candidatear. Y si observamos a nivel regional o local, el fenómeno ya no es una excepción, sino una regla, por lo que no se acota a la institución parlamentaria. El tema es que en el Perú el fenómeno del transfuguismo está asociado a la corrupción del gobierno de Fujimori, cuando Vladimiro Montesinos pagó a varios congresistas para pasarse al oficialismo.

Pero el fenómeno ha mutado. En el período 2001-2006, el 33% de los congresistas cambió de bancada parlamentaria, en el 2006-2011, el 22% y, en lo que va del período actual iniciado en el 2011, el 26% de los parlamentarios han hecho lo mismo, faltando poco menos de un año para el final del mandato. Ciertamente esto ocasiona una distorsión de la voluntad popular expresada en las urnas, que se materializa en la distribución de los escaños al inicio del periodo para el que fueron elegidos.

Pero el transfuguismo es una consecuencia y no una causa de un fenómeno mayor. Desde el desplome del sistema de partidos a inicios de los noventa, los que se crearon con posterioridad son altamente personalistas y con escasa organización, lo que produce poca fidelidad y disciplina de sus miembros. Al enfrentar las elecciones, requieren del auxilio de candidatos de fuera del partido para confeccionar sus listas y, muchos de ellos, gracias al voto preferencial, ingresan al parlamento. Este intercambio de intereses partido-candidato, puede tener éxito electoral, pero débil cohesión partidaria. Si además la ley permite el ingreso de partidos políticos con un número menor al requerido para la conformación de un grupo parlamentario (seis) y el propio reglamento del Congreso permite, a su vez, la creación de grupos parlamentarios más allá del inicio del mandato, la mesa del transfuguismo está servida.

Eliminar el voto preferencial, exigir el ingreso de partidos políticos al parlamento no solo superando el 5% de los votos, sino consiguiendo escaños igual al número requerido para la creación de grupos parlamentarios e impedir la creación de nuevos, luego de iniciado el periodo, puede ayudar en algo para disminuir varios de los incentivos del transfuguismo, pero el fenómeno está instalado y no se eliminará solo con normas. Son las propias víctimas, los partidos políticos, quienes tienen que entender que hasta ahora sus antídotos no han matado al virus.

¡Invítenme a la fiesta!

Fecha: 09-08-2015


¿Qué modelo económico quiere la gente en el 2016?

Ahora que se cumplen 25 años del ‘fujishock’ puede ser interesante evaluar lo que se consiguió y lo que se frustró en el proceso económico que se abrió entonces, pero, especialmente al inicio de una campaña electoral, quizá sea más interesante especular con lo que puede ocurrir en el futuro con este esquema que, como pocas veces en el pasado, fue mantenido por todos los gobiernos no obstante sus diferencias ideológicas y de estilo.

La mayoría llegó con un discurso electoral que criticaba dicho esquema, pero todas las presidencias –las de Alberto Fujimori, Valentín Paniagua, Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala– siguieron –en lo central– la misma ruta económica.

Con algunos se produjo una especie de ‘secuestro ideológico’ o ‘lavado de cerebro’ que los llevó a que, poco antes de instalarse en Palacio de Gobierno, les llegara un súbito rayo de responsabilidad que los llevó a abandonar varias de las barbaridades que dijeron cuando estaban en una plaza pidiendo votos.

Es obvio que nadie en el Perú quisiera volver al desmadre de fines de los ochenta, por lo que se puede concluir que somos una nación que sabe a lo que no debe retroceder, pero también es cierto que no hay consenso sobre hacia dónde ir ahora.

Con el avance de las candidaturas parecería que el lavado de cerebro no será necesario, pues esta sería una elección de ‘derechas’, pero en el Perú uno nunca sabe y, eventualmente, lo que la gente quiere puede llegar a tener alguna incidencia en las políticas que se apliquen.

¿Qué quiere la gente ahora con el manejo económico? Un estudio profundo de opinión pública sobre el tema podría ser necesario –cuantitativo y cualitativo–, pero arriesgo un escenario que parte del hecho de que nunca nadie está totalmente satisfecho con la situación económica.

Por un lado, hay un sector de la población con sensación de ‘fatiga del modelo’ por creer que, un cuarto de siglo después, este no ha traído los beneficios sociales deseados, por lo que quisieran reemplazarlo por otro. Este puede ser el sector que, en alrededor de 30%, votó por Humala en la primera vuelta del 2011.

De otro lado, hay un sector descontento con el esquema económico pero no por creer que este se deba cambiar sino porque no logra incluirse en el mismo. Es decir, hay gente que quiere ser parte de la fiesta pero no logra entrar en ella.

Esta columna cree que este último es el sector mayoritario, lo que plantea un desafío para el próximo gobierno que no se resolverá yendo en materia económica con el piloto automático de las dos décadas pasadas –desde Fujimori II–, manejando solo la macroeconomía, sino con una reforma realmente profunda. Esa sí sería una gran transformación.

miércoles, 5 de agosto de 2015

10 años de Utero.Pe

Fecha: 05-08-2015

Hoy miércoles 5 de agosto del 2015, se cumple una década desde que se publicó el primer post en un blog entonces llamado “el útero de marita”: http://ocram.perublogs.com

Muchos bytes han corrido por las fibras ópticas desde entonces. Esa primera entrada se tituló “Padre Martín ampayado en la Costa Verde”. En esa época era una curiosidad casi exótica encontrar contenido en las redes peruanas que no tuviera la pretensión de gravitas, de gran debate, de importancia casi mortal, de densidad. La idea de empezar con ese tema era una forma de clavar la bandera en un espacio inexplorado, de cierta frivolidad (con pretensiones de frivolidad inteligente, pero frivolidad al fin). Y, desde esa esquina, atraer a los lectores (a más lectores) hacia temas que realmente importaran.

Diez años después, pareciera que todo el contenido en nuestras redes consiste, precisamente, en todo lo que no es frivolidad. Lo contracorriente se volvió corriente. Lo inexplorado es la no-frivolidad.

Internet no es más un refugio de los grandes medios. En el Perú, Internet es EL gran medio. Si Alan García retuitea un meme, esto se convierte en suceso (no estoy exagerando: fue titular en dos canales de noticias ayer).

Alguna vez la blogósfera iba a ser el ágora digital, un retorno a la res pública. Después los blogs murieron y las webs de los diarios decidieron hacer 20 notas al día sobre montajes fotográficos que llaman “memes”.

En pleno proceso de cambios, en Utero.Pe hemos elaborado una especie de Guía de Estilo. Es un documento en permanente cambio y actualización. Pero me gustaría compartir aquí, con ustedes, algunos párrafos:
“Los periodistas, por flojera mental, trabajamos pensando que nuestro público está tan informado como nosotros, que consumimos todos los medios, que ubicamos a todos los periodistas y que recordamos los antecedentes de todos los casos. Esta es la Gran Mentira. Esta es nuestra razón de ser. Ama Quella.”
“No podemos competir contra medios que tienen, literalmente, cien veces más periodistas que nosotros. Pero sí podemos colarnos entre sus piernas.”
“No hay temas aburridos. Hay periodistas incapaces de llamar la atención sobre temas importantes. Pero nosotros no queremos ser esos periodistas.”
“Chequea tus privilegios. ¿Seguirías pensando que piensas lo que piensas luego de ponerte en el lugar de otra persona con menos oportunidades? ¿Tus opiniones serían distintas si no fueras hombre o blanco o heterosexual o católico o limeño o clase media o todas o alguna de las anteriores?”.

“No hay concesiones con la corrupción o las violaciones a los derechos humanos o los atentados ecológicos. Pero recuerda lo que dice Carl Sagan: afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria.”

“No somos ni pretendemos ser objetivos. Se puede ser subjetivo y defender la verdad. Una verdad apasionada no deja de ser verdad.”
“La subjetividad está justificada, la mentira nunca. El camino más fácil hacia la mentira es parcializarse. Somos subjetivos, pero no parcializados.”
“La mentira es enemiga del periodismo y los mentirosos deben ser combatidos. La verdad se defiende.”

“Tu opinión no importa. Tu interpretación basada únicamente en hechos corroborables, sí.”
La Internet ha cambiado mucho en diez años. La forma de titular, de difundir, de estructurar las noticias es totalmente distinta. Lo que no cambia nunca es la esencia de lo que hacemos. Dentro de diez años deberíamos ser capaces de copiar y pegar esta columna y que siga siendo válida. Feliz aniversario, lectores uterinos.

El peor presidente

Fecha: 05-08-2015

Frente a un artículo lúcido como los que Roberto Abusada suele escribir en El Comercio, una entrevista publicada al día siguiente, en el mismo diario, al mismo economista, trae algunas afirmaciones que llevan a levantar una ceja en señal de sorpresa.

Como cuando le preguntan qué haría si hoy fuera ministro de Economía y responde: “Primero, asegurar que Humala no pase a la historia como un presidente anodino y como el peor de la historia del Perú”.

En el artículo del día previo, Abusada comentó el mensaje presidencial concluyendo que Ollanta Humala no ha entendido su tarea en la promoción del progreso económico. 

Coincidir con ello no es difícil. Sí lo es, en cambio, aceptar que Humala puede ser el peor presidente de la historia del Perú pues, ni aunque se esfuerce, podría lograrlo en el año que le queda en Palacio, no tanto por sus propias cualidades sino porque enfrenta a grandes competidores.
Para no viajar muy lejos en el túnel del tiempo, cualquiera de los dos gobiernos de Fernando Belaunde no parece mejor que el actual. ¿Y qué decir de Alberto Fujimori, quien purga condena por violador de derechos humanos y por corrupto?

Frente a Alan García, su primer gobierno fue un mamarracho que puso al Perú en el colapso y que sí podría participar en el torneo ‘peor gobierno’, mientras que el segundo, sin ser gran cosa, pues no realizó reformas críticas, aprovechó muy bien el buen viento internacional.
Para compensar el daño tan profundo que García le propinó al Perú entre 1985 y 1990 necesitaría unos cuatro excelentes gobiernos (lo cual no debe interpretarse como expresión de apuesta por su candidatura).

Alejandro Toledo, por su parte, también tuvo un buen momento económico pero le produjo, por su comportamiento, un gran desprestigio a la institución de la presidencia.
El problema de estas comparaciones es que la economía no debe ser el único criterio para concluir qué presidente es mejor, pues un mandato involucra muchos más aspectos, incluyendo los institucionales, sociales, internacionales, políticos, etc.

Humala podrá ser anodino para muchos, pero sostener que él puede ser el peor presidente de la historia constituye una clara exageración.
Pero esta es una discusión interesante que debiera llevar a la construcción de un conjunto pequeño de indicadores multidisciplinarios; que sean creíbles; desestacionalizados (para distinguir el desempeño propio del momento internacional o en un año con Fenómeno del Niño); y fáciles de entender por la población, lo cual permitiría hacer comparaciones y evaluar el papel del presidente.

De lo contrario, se corre el riesgo de que el único criterio de medición de la gestión de un presidente sean los tuits del ex presidente García.

La FIL crece

Fecha: 04-08-2015

El éxito de la FIL 2015 es un fenómeno interesante del cual vale la pena aprender. Más de medio millón de asistentes y más de 13 millones y medio de soles en libros vendidos representan un crecimiento del 12% en el primer rubro y del 30% en el segundo, con respecto al año pasado.

Que los volúmenes más vendidos, entre los que fueron presentados en la feria sean una novela con todas las de la ley (La distancia que nos separa, de Renato Cisneros) y un libro de historia (La rebelión de Túpac Amaru, de Charles F. Walker) es un signo aun más positivo, sobre todo en un país que anda abajo en las estadísticas regionales de lectoría, consumo de libros y comprensión de lectura, y que recién en estos años ha empezado a buscar una respuesta contra la demolición del sistema educativo que heredamos del gobierno de Fujimori.

Hace tres meses, la FIL Bogotá 2015 recibió, como ahora la limeña, poco más de medio millón de visitantes. Las transacciones comerciales, sin embargo, fueron, en la feria colombiana, tres veces mayores que en la nuestra: poco más de cuatro millones de dólares en Lima, más de doce millones de dólares en Bogotá. Hubo muchas más empresas expositoras allá que acá, muchas más editoriales extranjeras, muchos más autores invitados. Nuestra FIL es pequeña por comparación, pero, saludablemente, crece a mayor velocidad (en ventas, +16% en Bogotá y +30% en Lima con relación al año pasado).

Lo mejor de todo es que la FIL crece a pesar de la desaceleración global de nuestra economía, con una nueva directiva en la Cámara Peruana del Libro que reduce los grandes golpes marqueteros de escaso valor estético e intelectual y apuesta por un poco más de seriedad, no tan súbitamente como algunos quisiéramos, pero al menos poco a poco, y eso es un ejemplo que debería transmitirse al resto de la sociedad. No es necesario atontar ni atontarse para vender; no es necesario renunciar a un mínimo de exigencia intelectual para vender; no es necesario venderse para vender.