Fecha: 10-05-2015
Suena a excesiva sofisticación el invento de un audio completo para fabricar la voz de un dirigente. Un peritaje no estaría mal, pero parece que Pepe Julio Gutiérrez, presidente del Frente de Defensa del Valle de Tambo se ha chancado los dedos. Un flaco favor a aquellas personas que protestan de buena fe contra el proyecto Tía María.
El flaco favor viene de atrás, con la organización de una ofensiva de violencia donde los heridos suman casi 200 y los muertos ya son dos. Un bautizo de fuego para Tierra y Libertad, donde Gutiérrez milita. Todo esto liderado en la primera fila por figuras embozadas a las que el ministro del Interior ha llamado “delincuentes disfrazados”.
Que Gutiérrez haya caído en la trampa no altera los términos de la discrepancia en torno de Tía María. Pero sí ayuda a explicar la intransigencia mostrada por los dirigentes de la protesta. De un lado descoloca a la parte sana de la protesta popular, pero de otro quizás le abre las puertas a la negociación cabal que ambas partes venían reclamando.
Pero da la impresión de que Gutiérrez y los enmascarados ya han hecho su tarea. La intensidad de la violencia, que todavía no termina, deja a la zona traumatizada, con un clima nada conducente a entendimiento alguno entre la empresa y la comunidad. Así, pretender cobrar por suspender las acciones parece un temerario despropósito.
El ubicuo abogado Jesús Gómez declara además (aunque esto no lo tiene grabado) que el millón y medio de “lentejas al contado” iba a ser compartido con otros dirigentes y un par de autoridades. No hay manera de comprobar esto, pero la acusación misma probablemente va a obligar a los afectados a mantenerse en pie de guerra para demostrar su inocencia.
De otra parte, que la Policía haya tenido que producir dos muertes, y sufrido bastante más de un centenar de heridos, habla de la limitada preparación de la PNP para este tipo de operaciones. Habla también de la falta de un trabajo de inteligencia para detectar a tiempo presencias con una capacidad de combate que no corresponde a simples agricultores.
Desde hace buen tiempo es práctica común la contratación de matones profesionales para los más variados propósitos. Son los que han introducido los rostros cubiertos en las manifestaciones violentas, para poder seguir trabajando. Parece que la protesta de Tambo no ha sido la excepción. Lo cual supone acceso a fondos y contactos con ese gremio.
Si quieren mantener su arraigo popular, ahora los antiextractivistas de Tambo van a tener que aceptar investigaciones desde las propias bases, y una depuración de las dirigencias. Pues el margen de acción de quienes iban a sentarse en las mesas de diálogo se encuentra seriamente herido.
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